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6.2 ¿CÓMO AFRONTA LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS BÁSICOS?

Siguiendo las ideas de Marx, la planificación centralizada buscará solucionar los problemas básicos buscando siempre el interés general. Como no se puede confiar en las empresas privadas, que son egoístas, el Estado tomará todas las decisiones, y para controlar toda la economía, hará todas empresas públicas.



1. ¿Qué producir y en qué cantidad? Lo decide la autoridad central, donde las empresas o familias o toman ninguna decisión. El Estado es el que decir que bienes son los que necesitan todos los ciudadanos Por lo tanto ya no rige ni el principio de soberanía del consumidor ni el principio de beneficio. La agencia toma todas las decisiones: Los recursos que se utilizan, , los métodos de producción de las empresas, los salarios de los trabajadores, los objetivos de producción, las inversiones en infraestructuras, etc.

PROBLEMA: La elaboración del plan entraña una gran dificultad, dado que se precisa una gran cantidad de información y una gran cantidad de empresas públicas que, en última instancia, se encargan de ejecutarlo. Imagina que complicado sería decidir en España cuáles son las necesidades y los bienes que deben consumir 46 millones de personas.

2. ¿Cómo producir? La autoridad central, una vez que ha decidido qué se debe producir, pone unos objetivos a las empresas públicas (por ejemplo, producir 100 millones de pares de zapatos). Ya no existe el principio de beneficio, a las empresas ya no les interesa producir de la manera más barata posible, sino que únicamente buscará conseguir cumplir los objetivos (producir los 100 millones de zapatos cueste lo que cueste).

PROBLEMA: El cumplimiento de los objetivos es prioritario pero no la manera de conseguirlos, de modo que las empresas públicas carecen de incentivos para producir de manera eficiente con los que se minimicen los costes. Más bien sucede todo lo contrario, se intenta acumular la mayor cantidad posible de recursos, generalmente muy por encima de las necesidades, con la finalidad de cumplir a toda costa (y costes) los objetivos fijados por el plan.

3¿Para quién producir? Ya no se sigue el principio de escasez ni las señales de los precios para repartir los recursos, como ocurría en el sistema de economía de mercado, sino por la necesidad de los ciudadanos. El Estado decide quién necesita más o menos bienes.
Por lo tanto, en estas economías se suele optar por dos mecanismos de reparto alternativos al sistema de precios:
1. Cartillas de racionamiento. A las familias se les asigna unas cartillas donde se establece los bienes que les corresponde cada cierto tiempo.
2. Precios intervenidos. Otra alternativa es que el Estado fija unos precios dependiendo de aquellos bienes que desee que se compren y aquellos que no. Cuando quiera que la gente compré un determinado bien bajará los precios. Si desea frenar el consumo de un bien, como el tabaco), subirá su precio.
PROBLEMA. Este mecanismo da lugar a dos problemas fundamentales.
- En primer lugar, se necesita un gran aparato burocrático para gestionarlo (mucho papeleo, imagina repartir cartillas cada mes a 46 millones de personas)
- En segundo lugar, no tiene en cuenta los gustos y las preferencias de los individuos. Esto provocaba que muchas familias tuvieran que malgastar gran cantidad de tiempo intercambiando cupones para adquirir los productos que realmente se desean, e incluso motivó la aparición del mercado negro (personas vendiendo algunos productos de manera ilegal)

Lo mismo ocurre con el mercado de factores. Si desea por ejemplo que haya más médicos o profesores, subirá sus salarios. Si considera que hay demasiados para cubrir las necesidades del país bajará el salario para que así los ciudadanos quieran dedicarse a otro trabajo. 

1 comentario:

  1. Hola. No son o eran cartillas de racionamiento sino libretas de abastecimiento de productos básicos, generalmente alimentos, subsidiados por el Estado pero que no excluian o excluyen la compra de esos bienes o de otros en el mercado privado, el cual no tenía o tiene las mismas dimensiones que el sector público, indudablemente. Muchas gracias por tu labor divulgadora, Javier.

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