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5.3. VENTAJAS E INCONVENIENTES DEL SISTEMA DE ECONOMÍA DE MERCADO

Tal y como hemos visto, en la economía de mercado todas las decisiones se toman a través del mercado y sin que intervenga el Estado. Esto acarrea unas ventajas e inconvenientes.
Entre las ventajas destacan:
1. La eficiencia en su funcionamiento. Un país es eficiente cuando aprovecha al máximo sus recursos. El mercado fomenta la competencia entre todas las empresas, que deben luchar para producir de la mejor manera posible para así vender más. Esto hace por tanto que no la producción del país sea elevada y se satisfagan más necesidades. Si la producción es alta se generara más riqueza que repartirán entre las familias, Sector Público y las propias empresas.
2. Existen incentivos. Tanto empresas como trabajadores tienen incentivos para hacer las cosas de la mejor manera posible. Las empresas ante la gran competencia querrán mejorar sus productos y lucharán por reducir sus costes para poder bajar precios y obtener beneficios. Los trabajadores intentarán producir más y mejor para así poder recibir mayores rentas y comprar más bienes. Es decir, hay recompensas por hacer las cosas mejor.
3. La libertad económica. Tanto las empresas como las familias pueden elegir libremente qué producir o consumir según sus preferencias. Las personas también tienen libertad para decidir en qué trabajar dentro de sus posibilidades. Esto parece obvio dentro de nuestro mundo, pero a continuación veremos que no es así en todos los países.
Este sistema económico también presenta algunos inconvenientes como son:
1. La distribución de la renta entre los individuos no es equitativa. Como hemos comentado, la renta se reparte en función de la cantidad de factores de producción que una persona posea y del precio de los mismos, lo que provoca que en muchas ocasiones aparezcan diferenciales de renta muy grandes.
El motivo es porque todos no nacemos con las mismas oportunidades, ni la posibilidad de acceder a los mismos factores de producción, ni somos iguales de habilidosos en todos los campos. Es decir, aquellos que nazcan en una familia con menos recursos económicos, o simplemente no sean habilidosos en aquellas actividades que generan más beneficios, están en desventaja frente al resto de individuos. Estas desigualdades iniciales terminan generando desigualdades en la distribución de la renta.
Por ejemplo, es mucho más rentable nacer con habilidades para jugar al fútbol que al ajedrez ya que en lo primero voy a poder generar mucho más dinero y por tanto ganar más. Nacer con talento para jugar al fútbol (que genera mucho dinero) tiene un alto componente de suerte. De la misma manera, si heredo de mi familia muchas tierras puedo alquilarlas y así tener mucha más rentas que otros que no tengan esa oportunidad. Lo mismo ocurre cuando una familia tiene muchos recursos y pueden pagar estudios, clases particulares y cursos muy caros para sus hijos. Es obvio que es mucho más fácil alcanzar una gran formación, que luego me permita ganar mucho más dinero, en una familia con adinerada que en una con menos posibilidades.
En estas circunstancias, la vida es como una maratón en el que algunos empiezan la carrera con varios kilómetros de distancia (nacen con más  habilidades, heredando más factores de producción como capital o tierras o con más posibilidades de formación). El mercado no valora desde donde empezó cada uno, sólo quien llega primero a la línea de meta.

2. Las economías de mercado tienden a ser inestables. Ya que los precios varían por las decisiones  de millones de  agentes económicos, y los recursos se dirigen según los precios, no se puede garantizar la estabilidad de la economía. En ocasiones, los mercados pueden decidir que millones de personas queden sin empleo (como en 2008) o que haya épocas de grandes aumentos de precios. Dicho de otra manera, el mercado no evita que ocurran crisis como la vivida recientemente.

3. Escasez de bienes no rentables. Las empresas producen según el principio del beneficio. Hay algunos bienes que no son rentables para las empresas y por tanto no son producidos por ellas (o lo serían por debajo del nivel deseable). El motivo es que por regla general, estos bienes son consumidos por los individuos de manera conjunta, de manera que un individuo se puede beneficiar de ello sin pagar por él.

Por ejemplo, el actual metro de Málaga sufrió en 2016 un coste de 13 euros por pasajero, mientras que nosotros sólo pagamos 83 céntimos con el bono. La ciudad considera que el metro es muy beneficioso para todos ya que ahorra tiempo y reduce el tráfico y la contaminación. Pero ninguna empresa produciría este bien en una economía de mercado, porque sería imposible ganar dinero con él (casi nadie pagaría más de 13 euros por viaje). Lo mismo pasa con parques, puentes o carreteras. En una economía de mercado, no se producen estos bienes que todos deseamos porque no son rentables para las empresas.



4. Abusos de ciertas empresas. Algunas empresas desequilibran el mercado cuando son muy poderosas. Esto sucede cuanto tienen el poder suficiente para fijar el precio o las condiciones de venta. Por ejemplo una gran empresa como Apple o Samsung podría imponer a las tiendas que sólo vendan sus productos, dejando a estas la dura tarea de tener que decidir entre vender productos de estas compañías o los de las otras. Esto lógicamente disminuye la competencia y perjudica a los consumidores.
5. Deterioro del medio ambiente. Como resultado de la producción de bienes y servicios hay ciertos efectos como la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales. Si el Estado nunca interviene, las empresas podrían contaminar el medio ambiente sin restricciones, lo que acabaría perjudicando a todos los ciudadanos.

Por lo tanto, el egoísmo que defiende Adam Smith  no es tan bueno como él aseguraba, pues provoca desigualdades, inestabilidad, abusos, contaminación y bienes que desea la sociedad pero que se dejan de producir. 

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