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2. ¿POR QUÉ INTERVIENE EL ESTADO?


Mi amiga Mary vino a España en 2013 procedente de Estados Unidos. Aunque le encantaba el estilo de vida español, muchas cosas le sorprendían. Mary no entendía porque la sanidad en España era gratuita, ya que ella si tenía una gripe tenía que pagar unos 200 dólares sólo por ver al médico. Le extrañaba que las tasas universitarias fueran unos pocos miles de euros en toda la carrera mientras que ella tuvo que pagar 50.000 dólares. Tampoco comprendía que, si una persona estaba enferma y no iba a trabajar, el Estado le pagaba su salario esos días. Le hacía explotar su cerebro que una persona pudiera estar cobrando el paro hasta 2 años sin trabajar. Lo que Mary no comprendía es por qué interviene el Estado. Entre tú y yo se lo vamos a explicar.

Las empresas realizan importantes funciones para toda sociedad. Gracias a las empresas se producen muchos bienes y servicios de los que podemos disfrutar comprando en los mercados y tener una mayor calidad de vida.

El problema es que en ocasiones las empresas tienen actuaciones en los mercados que la sociedad no desea o considera injustas. Cuando esto ocurre decimos que hay un fallo de mercado y el Estado debe intervenir.




En todos los países, el Estado interviene, no importa si hablamos de Estados Unidos, España o Suecia. Pero la pregunta es ¿es necesario para la economía? En realidad, hay mucho debate sobre si el Estado debe intervenir mucho o poco, pero todos coinciden en que un mínimo de intervención es necesario por varios motivos:
1. La necesidad de bienes públicos. El metro de Málaga sufrió en 2016 un coste de 13 euros por pasajero, pero nosotros sólo pagamos 83 céntimos con el bono. La ciudad considera que el metro es muy beneficioso, ahorra tiempo y reduce el tráfico y contaminación. Pero ninguna empresa lo produciría, porque sería imposible ganar dinero (casi nadie pagaría más de 13 euros por viaje). Lo mismo pasa con parques, puentes o carreteras. Las empresas no producen estos bienes que todos deseamos porque no son rentables.

UN BIEN PÚBLICO es un aquel en el que muchas personas lo pueden usar al mismo tiempo y que además es complicado hacerles pagar por ello.

Piensa en la luz del alumbrado público. La disfrutamos muchos ciudadanos al mismo tiempo y sería imposible hacer pagar a cada uno por el tiempo que disfruta de esa luz (algo parecido pasa con parques, carreteras, calles peatonales o puentes).

En esta situación sería imposible que una empresa se plantee producir estos bienes. ¿Para que una empresa va a producir el alumbrado o una calle peatonal sino puede cobrar y ganar dinero con ello?

Si no lo hace el Estado, sería muy difícil que se construyeran estos bienes públicos muy necesarios para toda la comunidad, bienes que sin duda aumentan nuestra calidad de vida y las empresas no están dispuestas a producir porque no le son rentables.

Mary entendió este punto a la perfección, ni ella ni ningún economista cuestiona que es necesario que el Estado produzca estos bienes. Sigamos entonces.

2. Regular el mercado.  En 2015 se destapó  el escándalo del fabricante alemán de automóviles, Volkswagen, había dotado a casi 11 millones de sus coches de un sistema para engañar a las pruebas de emisión de gases contaminantes. Un estudió consideró que “las emisiones excesivas de los Volkswagen vendidos en Alemania provocarán unas 1.200 muertes prematuras en Europa, lo que corresponde a 13.000 años de vida perdidos y 1.900 millones de euros en costes”

Las empresas buscan ganar beneficios, eso es algo que seguro que no te pilla de sorpresa. El problema es cuando algunas de ellas lo quieren hacer a toda costa y no les importan los demás. A veces las actuaciones de las empresas no sólo no mejoran la calidad de vida, sino que las empeoran. Las actuaciones como la de Volkswagen, son completamente intolerables y el Estado de intervenir contra ellas.

Es imprescindible que el Estado establezca una serie de normas para empresas y consumidores para que así no haya abusos. El Estado trata de evitar la contaminación, impedir que las empresas lleguen a acuerdos fijando precios que perjudicarían a todos los consumidores, y establecer unos derechos que tienen todos los trabajadores (salario mínimo, vacaciones etc).
Mary tampoco entendía por qué es necesaria una cierta protección de los trabajadores y que exista un salario mínimo aceptable. Su postura es que si los trabajadores tienen muchos derechos se esforzarán menos y eso será malo para el país ya que se producirá mucho menos. Mucha gente piensa como ella ¿y tú?.

3. Igualar las oportunidades. La mayoría de mis amigos y yo venimos de familias humildes y trabajadoras. Cuando llegó el momento de ir a la universidad y conseguir una buena educación para obtener un trabajo que nos gustara y estuviera bien pagado, tuvimos la suerte de que el Estado nos dio una beca. Ya en la carrera, nos encontramos con muchos hijos de familias más adineradas, que podían centrarse sin prisa por trabajar en sacarse sus estudios. Por suerte, nuestras familias estaban recibiendo unas ayudas para pagar nuestros estudios, lo que nos permitió centrarnos también sólo en estudiar. Sin esas ayudas hubiéramos tenido que ponernos a trabajar, pero al recibir la ayuda el Estado estaba dejándonos en igualdad de oportunidades.

Es inevitable que exista gente con más dinero que otra en un país. Hay trabajos que están mejor pagados que otros, hay personas que son más hábiles o más rápidas, y siempre va a haber quien gane más dinero. El problema es cuando el nacer en una familia con menos recursos te puede impedir desarrollar tu potencial y no te permite, por ejemplo, estudiar la carrera que tú desees o formarte para trabajar en lo que estés capacitado. De hecho, según un último estudio, el 55% de los hijos de padres con bajo nivel educativo no accede a educación superior, por lo que acaba ganando menos dinero. Es decir, la pobreza se estaría trasladando de padres a hijos.

Es crucial que el Estado asegure que todo el mundo tiene las mismas oportunidades para desarrollarse. Para ello es clave la educación, la sanidad y la seguridad social.

Fue muy difícil explicar a Mary porque la sanidad y la educación eran gratuitas en España. Le intenté explicar cómo sin sanidad ni educación, aquellos que nacieran en familias más pobres tendrían muy complicado acceder a buenos trabajos y estarían condenados a una vida de pobreza. No lo entendió- “Mala suerte” fue su respuesta.



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