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2. La ventaja absoluta


Tal vez te esté surgiendo preguntas, ¿si un país es el más preparado para producir muchos bienes, se especializa en todos? ¿Y si un país no está preparado para producir un bien más barato que nadie no produce nada? En realidad, la clave es la ventaja comparativa. Pero ¿qué es exactamente la ventaja comparativa? No temas, my friend, que vamos a explicarlo, pero antes debemos entender la ventaja absoluta.

¿Qué es la ventaja absoluta?

Mi amiga Carmen es realmente buena en temas electrónicos, y su marido Antonio es muy hábil pintando. Cuando se mudaron, tenían todo listo excepto dos habitaciones que faltaba pintar y la instalación eléctrica. Carmen necesitaría sólo 1 hora para instalar una habitación, mientras que pintarla le llevaría otras 3. Antonio por otra parte tardaría 1 hora en pintar una habitación y la instalación de todos los aparatos le llevaría 4 horas. Si cada uno hiciera la instalación y pintura de una habitación, Carmen tardaría 4 horas en una (1 de instalación y 3 pintura) y Antonio 5 en la otra (1 pintura y 4 instalación). Como puedes imaginar esta decisión no es inteligente. Si ambos se especializan en lo que mejor saben hacer, Carmen en la instalación y Antonio en la pintura, tardarían solo 2 horas en acabar las 2 habitaciones. Ambos tienen una ventaja absoluta en un campo.

UN PAÍS TENDRÁ VENTAJA ABSOLUTA sobre otro país cuando es capaz de producir un determinado bien, usando menos recursos o bien producir más bienes con los mismos recursos. En esta situación, a cada país le interesa especializarse en producir ese bien e intercambiar sus excedentes por otros productos que produzca peor.

Para entenderlo, vamos a imaginar que España y Francia se dedican a producir queso y croissants. Para simplificar, digamos que cada uno cuenta con 1.000 trabajadores.

Cada trabajador español puede producir 3 quesos en 1 hora o bien 2 croissants.
Cada trabajador francés puede producir 1 queso en una hora o bien 3 croissants.




Si los españoles dedicaran 500 trabajadores a cada producto producirían 1500 quesos a la hora (3 cada hora) y 1000 croissants (2 por hora). Si Francia también divide sus 1000 trabadores, los 500 trabajadores franceses que produjeran queso harían 500 (1 a la hora) y los otros 500 que fabricaran croissants harían 1500 (3 a la hora).


En esta situación tal y como vemos los países tienen 3 opciones.

1. Podrían no comerciar y producir cada uno ambos productos.

2. Otra opción es especializarse y producir sólo el bien que mejor saben hacer, lo que les permitiría tener más cantidad de producto, pero menos variedad. En este caso España se especializa en queso y Francia en croissants ya que tienen ventaja absoluta.

3. La tercera opción sería llegar a un intercambio después de la especialización. España y Francia podrían llegar a un acuerdo sobre el precio. Nosotros vamos a suponer que intercambian 1 queso por 1 croissant, aunque podrían llegar a otro acuerdo. Es decir, España recibirá 1500 croissants de Francia a cambio de sus 1500 quesos. Esto permite como puedes ver mejorar a ambos países. Ahora España tendrá 1500 quesos, al igual que cuando no comerciaba, pero puede disfrutar de 1500 croissants en lugar de 1000. Francia también será beneficiado. Tiene los mismos croissants, 1500, pero ahora disfruta del triple de quesos, 1500 en lugar de 500.

La vida puede ser maravillosa cuando los países se especializan en bienes en los que tienen ventaja absoluta y luego los intercambian. Lo mismo le pasaba a mi amiga Carmen y su marido, la especialización les ha permitido ahorrar horas de trabajo.  Que guay esto del comercio internacional ¿no? Pero un momento ticher, que aquí hay truco.

¿Qué pasa si un país no tiene ventaja absoluta en ningún bien?

Seguro que has pensado que esto no se podría hacer si España es mejor produciendo quesos y croissants a la vez, ya que el intercambio le perjudicaría. De la misma manera, si Carmen fuera mejor pintando e instalando aparatos electrónicos que Antonio, pensarás que a Carmen no le conviene ningún acuerdo porque es mejor en todo.

El señor David Ricardo demostró hace dos siglos que incluso aunque un país fuera peor que otro fabricando todos los bienes, el comercio puede ser interesante para los dos. La clave es la ventaja comparativa.



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