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5. LA POLÍTICA DE CONTRATACIÓN Y DE FORMACIÓN



Una vez que la empresa selecciona al trabajador que ocupará el puesto de trabajo, tendrá que hacerle un contrato.

El contrato de trabajo es un acuerdo entre el empresario y el trabajador por el que este presta unos servicios de manera voluntaria, por cuenta ajena del empresario y bajo su dirección a cambio de un salario.

Este contrato suele ser siempre por escrito, pero también podría ser verbal siempre y cuando contrato sea indefinido o eventual de menos de 4 semanas.

Los tipos de contrato

La empresa debe elegir el tipo de contrato que le hace al trabajador. Dentro de los muchos tipos que hay. Nosotros los vamos a separar en tres grandes grupos.


1. Contratos indefinidos. Son contratos que no tienen fecha prevista de finalización (es el conocido como “contrato fijo”). ¿Quiere decir eso que no se puede despedir a los trabajadores? Sí que puede, lo único que habrá que pagarles una indemnización mayor (33 días por cada año que han trabajado en la empresa)

La gran ventaja de este contrato es que al ser indefinido mandamos un mensaje al trabajador de que contamos con él durante mucho tiempo. El inconveniente como hemos dicho es que, si lo despedimos, la indemnización será mayor.

2. Contratos temporales por diversas circunstancias. Son contratos con una fecha de finalización. Este tipo de contrato debe estar justificado y puede surgir por tres motivos que dan lugar a tres tipos de contrato temporal.

2.1 Contrato por obra o servicio. Se realiza cuando necesitamos u trabajador que realice una obra o servicio en concreto. El contrato acabará cuando la obra o servicio sea terminado. Por ejemplo, podemos contratar un pintor para pintar toda la oficina.

2.2 Contra por interinidad. Se hace para sustituir a trabajadores de la empresa que van a faltar un tiempo por estar de baja o excedencia. El contrato acabará cuando el trabajador sustituido vuelva.

2.3 Contrato por circunstancias eventuales de la producción. Se realiza cuando una empresa tiene un exceso de pedidos o de producción en una época del año y necesita trabajadores durante ese tiempo. El contrato acaba cuando la producción vuelva a la normalidad (máximo de 6 meses).  Por ejemplo. una tienda de ropa que necesita más personal en navidad o en la rebajas

3.Contratos temporales formativos. Son contratos especiales diseñados para trabajadores que no tienen formación y/o experiencia. Tenemos dos tipos:

3.1 Contratos para la formación y el aprendizaje. Son para trabajadores entre 16 y 25 años que no tienen titulación o una cualificación profesional.  La empresa se compromete a dedicar un tiempo a formar al trabajador, que cobra en proporción al tiempo trabajado (el salario no suele ser muy elevado).  La duración máxima será de 3 años.

3.2. Contrato en prácticas. Son para trabajadores que tienen un título universitario o un ciclo formativo (grado medio o superior), pero no tienen experiencia laboral.  La empresa le da la oportunidad a esta persona de empezar en el mundo laboral y a cambio se le permite pagarle un salario inferior a su cualificación (un 60% el primer año y un 75% el segundo, pero nunca debajo del SMI). La duración es de 2 años

Es importante no confundir este contrato con las “prácticas” que hacen los estudiantes en la universidad o en ciclos formativos. que todavía forman parte de sus estudios. En ese caso no hay contrato de trabajo.


Una vez que contratamos a un trabajador, necesita integrarse dentro de la empresa. Lo normal es que tengamos que hacerle una formación inicial. Sin embargo, a los trabajadores no se les forma solo cuando entran por primera vez, sino que la formación continua es imprescindible. Todo ello debe venir reflejado en la política de formación.

La política de formación son todas las actividades formativas que la empresa diseña para sus trabajadores para que puedan desarrollar las habilidades necesarias para realizar de manera eficiente su trabajo.

Estas actividades formativas pueden ser organizadas por la propia empresa (formación interna) o pueden ser a través de empresas externas contratadas especialmente (formación externa)

Lo que hay que tener claro es que la formación no debe ser visto como un gasto, sino como una inversión en capital humano que a largo plazo aumentará la productividad de los trabajadores.

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