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3. Cómo mejorar las relaciones interpersonales

 Edu tenía todo para ser un compañero admirado. Jugaba a varios deportes de equipo y destacaba por encima del resto en todos ellos. En clase, sacaba las notas más elevadas sin apenas esfuerzo, debido a sus grandes habilidades intelectuales. La mayoría de personas lo calificarían como “muy guapo”, por lo que podríamos decir que tendría todos los requisitos para ser la estrella de una película americana de adolescentes. Sin embargo, nadie quería estar alrededor suyo ¿El problema? Edu, como lo calificó su compañera Cristina, era inaguantable. Se pasaba los días criticando a los demás, rara vez decía algo bueno de alguien y solo hablaba de lo bueno que era en todo. 

Una habilidad social que es imprescindible desarrollar es la capacidad de tener buenas relaciones interpersonales. Lo que entendemos por “llevarse bien con la gente”. Algunos consejos que podemos seguir son los siguientes.

No critiques. Uno de los rasgos más comunes de las personas reactivas es que piensan que la culpa de todo siempre es de los demás. Estas personas nunca hacen nada mal y siempre tienen razón, mientras que los otros son los que tienen malas conductas. Es muy habitual ver a nuestro alrededor como siempre hay gente que está criticando a sus amigos, compañeros, familiares etc.

Pero criticar tiene un curioso efecto, genera desconfianza. Si tú estás con un amigo y de repente te pones a criticar a otro, seguramente pensará que cuando estás con otras personas, le criticarás a él. Si te pasas la vida remarcando lo que los demás hacen mal, tu amigo pensará que, si algún día él se equivoca, se lo echarás en cara de alguna manera. Sin embargo, cuando uno defiende a las personas que no están eso genera confianza. Nuestros amigos pensarán que si alguien se mete con ellos cuando no están, tú serás el tipo de persona que dará la cara por ellos.

Desarrollar empatía es imprescindible para dejar de criticar a otras personas. Muchas veces juzgamos a los demás, pero si nos ponemos en la piel de ellos, tal vez nos demos cuenta que haríamos lo mismo en similares circunstancias.  Incluso, puede ser que estemos haciendo exactamente lo mismo que ellos en estos momentos.

“No critiques la suciedad del tejado del vecino, cuando tu propia puerta está sucia”.

Aprecia a los demás. A todos nos gusta sentirnos apreciados. Cuando sacamos una buena nota en el examen nos gusta que nos digan que hemos hecho un buen trabajo, no que nos digan “ese es tu deber”. Es algo instintivo, si una madre da un puzzle a un niño pequeño y este lo acaba, se quedará mirando con cara de “mamá, dime lo bien que lo he hecho”. Si todos queremos apreciación ¿por qué no se la damos a los demás? A veces nos cuesta dar valor a los logros de otras personas. Si nuestro compañero marca un gol, decimos que la defensa era muy mala. Si saca una nota muy buena un examen, decimos que era muy fácil. Si nos enseñan algo que han hecho de lo que están muy orgullosos, le decimos que nosotros también hacemos cosas parecidas.

Pero mostrar aprecio por los que hacen los demás es síntoma de tener respeto y de valorar lo que está haciendo. A todos nos gusta estar rodeados de personas que valoran lo que conseguimos y nos sentimos resentidos cuando menosprecian nuestros logros. Ya sé lo que piensas - “oye profe a nadie le gustan los pelotas” -. Por supuesto que no nos referimos a un falsa aprecio, lo cual detectamos muy rápido. Se trata de respetar y valorar a los demás de manera honesta.

No hables todo el rato de ti mismo. Hay personas que viven en un continuo monólogo y que su palabra favorita del diccionario es “yo”. Son ese tipo de personas que cada vez que le cuentas algo, consiguen darle la vuelta para que la conversación acabe girando alrededor de ellos. 

Una de las mejores maneras de mantener buenas relaciones es interesarte por los demás. A nosotros nos gusta cuando muestra interés por nuestros gustos y hobbies o cuando nos preguntan por nuestros problemas ¿por qué no hacemos lo mismo con los demás?

De nuevo, es importante ver que no hablamos de “trucos” para caerle bien la gente, sino de desarrollar un verdadero interés hacia otras personas. Recuerdo que hace un tiempo fui con un amigo a una fiesta y me presentó a un profesor que además era DJ, su verdadera pasión. Me fascinó que un profesor al mismo tiempo fuera DJ, así que me pasé toda la noche preguntándole cómo se había formado, a qué discotecas iba, cómo decidía que música poner etc. Cuando acabó la fiesta, el profesor-DJ le dijo a mi amigo lo interesante que yo era y que esperaba verme en más fiestas como esa. ¿Interesante yo?, apenas podría él saberlo, ya que lo único que habíamos hecho era hablar de su hobbie de DJ. Cuando uno muestra interés de manera honesta, los demás sienten que nos preocupamos por ellos y todo el mundo quiere tener a su alrededor a personas así.

Si te equivocas pides perdón. Una vez encontré que dos alumnas habían copiado en un examen. Las dos alumnas tenían las cuatro caras del examen idénticas: las mismas palabras exactas, el subrayado idéntico, cada línea y párrafo de la misma dimensión e incluso las mismas faltas de ortografía. No había duda de que habían copiado.  Cuando les llamé al despacho lo negaron, así que decidí suspenderlas y se mostraron indignadas. El jefe de estudios decidió llamar a sus padres y les expliqué lo sucedido, pero ellas siguieron negándolo. Cuando aprobaron la recuperación (con mucha menor nota) siguieron negándolo.  Ya en la cena de graduación, todos los compañeros me admitieron que habían visto a sus compañeras haciendo el “cambiazo”. Me acerqué a las dos alumnas a darles la oportunidad de reconocer que habían copiado, en cualquier caso, ya había pasado todo y tenían el título en sus manos. Volvieron a negarlo. 

Usamos la palabra “perdón” continuamente. Si nos tropezamos con alguien, si vamos a entrar a un baño y hay otra persona. Pero, muy pocas veces pedimos perdón cuando cometemos un error “importante”. A veces no pedimos perdón porque consideramos que es una debilidad, pero, todo lo contrario, es algo que refuerza nuestras relaciones. Pedir perdón de manera sincera significa que valoramos más la relación con la otra porque nuestro propio ego. La gente perdona los errores, porque todos podemos confundirnos. Pero no se perdona fácilmente el orgullo que pretende encubrir el error. 


Una vez que tenemos buenas relaciones interpersonales, estamos listos para trabajar en equipo.



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