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El fracaso de 2008 - 19 días y 500 noches después

Para estas oposiciones de 2023 he decidido elaborar una guía y unos consejos para ayudar a los miles de opositores que sueñan con una plaza. Pero para entender todo lo que tengo que contar es necesario que conozcas primero m historia. Hoy seguimos con la segunda parte: el fracaso de 2008.


El fracaso de 2008

La oposición de 2008 supone la parte más dura de la historia. Un capítulo lleno de errores que supuso desperdiciar una de esas oportunidades que rara vez se presentan en la vida. Una historia que acaba en una debacle final que se llevo todas mis ilusiones por delante. 

 

El año 2006 había sido una tremenda decepción, pero no disminuyó mi motivación ni determinación por convertirme en profesor ni un ápice. Acostumbrado a conseguir lo que me proponía, la oposición no iba a ser menos. El plan seguía su curso, y la idea era empezar a estudiar las oposiciones en septiembre de 2007, con el objetivo de aprobarlas en junio de 2008. Después de todo, era cierto que había sido capaz de estudiar 67 temas en 2006, además de toda la práctica correspondiente. También era cierto que no tenía ni idea de qué había hecho mal para suspender de manera estrepitosa. Pero no era menos cierto que tan solo tenía 23 años y toda la energía del mundo. No me iba a rendir a las primeras de cambio, por mucho que no entendiera qué había pasado.

 

Mientras tanto, para poder ganar y ahorrar algo de dinero, me puse a trabajar en la caja de ahorros de mi ciudad desde octubre de 2006 a junio de 2007. Como trabajador de banca, tuve la suerte de estar los primeros 3 meses en el departamento de recursos humanos. Era una época (el punto más alto de la burbuja inmobiliaria) en la que los bancos estaban en plena expansión, y literalmente cada mes se hacían contrataciones de personas que venían de toda España. La verdad  es que fue una experiencia maravillosa, en donde pude ver todo lo que se cuece por dentro de una gran empresa cuando decide si contratar o no a un candidato. Pude asistir a entrevistas personales, dinámicas de grupos, test de capacidad, cursos de formación, etc. Con mis ansias de saber más, acribillé a preguntas a los principales responsables a la hora de seleccionar a los candidatos. Es increíble lo mucho que me enseñaron estas personas sobre los muchísimos aspectos de la psicología humana. Y es que lo mejor de la experiencia de la banca, fue mi contacto continuo con profesionales maravillosos. A día de hoy, todavía hoy saco utilidad a lo mucho que aprendí en esos días.

 

Lamentablemente, a los tres meses me trasladaron a una oficina en una mesa de atención al público, donde mis tareas se centraban en cobrar cheques, hacer transferencias y abrir cuentas corrientes. Un trabajo tan aburrido que no podía esperar a dejar el trabajo y ponerme de nuevo a estudiar. El plan seguía su curso, y en septiembre de 2007 me pondría manos a la obra.

 

Las oposiciones de 2008 traían una importante novedad: la transitoria. Para los más jóvenes, la transitoria fue un sistema que tuvo vigencia de 2007 a 2011. Ese sistema era diseñado para facilitar la entrada de los interinos e incluía una serie de novedades.

 

- Eliminación de la parte práctica. En mi caso en Economía, ya no tendríamos problemas numéricos, que normalmente es la parte más dura y suponía (y supone) la eliminación de la mayoría de opositores que no llegan a pasar el corte. Para mí, era algo negativo, ya que ese suponía mi punto fuerte.

 

- Mayor importancia a la parte de concurso-méritos, que ahora valía un 40% en lugar del 33,33% anterior. Otro punto negativo, ya que no contaba con experiencia docente.

 

- Se sorteaban 5 bolas para los temas en lugar de 2. Con dos bolas, era habitual que la mitad de los opositores se levantaran después del sorteo, al no saber ningún tema. Con 5 bolas, las posibilidades aumentaban exponencialmente. Probablemente, este fue el punto más negativo de todos. Había sido capaz de estudiar 67 temas la convocatoria anterior, con lo que una mayor cantidad de bolas suponía un gran beneficio a aquellos que estudiaban menos.

 

- Eliminación de la defensa de la unidad didáctica para los interinos que llevaran trabajando 6 meses, que a cambio debían entregar un informe de dicha unidad didáctica. Este informe no solo les permitía no preparar unidades, sino que además, automáticamente les daba una nota  de 10. Los demás tendríamos que hacer programación y unidad y competir contra ese 10 que los interinos ya tenían.

 

Por tanto, la oposición se limitaba a tres partes: tema escrito (valía un 40%), defensa de programación (valía un 30%), defensa de unidad (otro 30%)

 

A priori, la oposición era una total golosina para los interinos: la oposición de un interino de más de 6 meses se limitaba a dos partes: hacer un tema escrito de un sorteo de 5 posibles y  defender una programación. Encima de todo esto, en esa tercera parte, la de la unidad, automáticamente le daban un 10, lo que sumado al mayor peso del concurso-méritos, les colocaba con varios puntos de ventaja antes de empezar la oposición. Sacar una plaza para un aspirante sin experiencia se convertía en poco más que un imposible.

 

En cualquier caso, no había tiempo para pensar en esas cosas, en 2006 había suspendido y seguía sin saber por qué demonios había sido así. En ese momento, mi mentalidad pasaba por estudiar lo máximo posible sin preocuparme de las ventajas que otros pudieran tener. ¿De qué valía preocuparme de las ventajas de los interinos si yo no aprobaba?

 

Intenté quedarme con lo positivo, que era que este segundo intento parecía mucho más fácil que el primero. En primer lugar, no tenía que empezar desde cero, sino que simplemente tenía que volver a estudiar temas que ya me había aprendido un año y medio antes. En segundo lugar, como se eliminaba la parte practica, te permitía centrarte al 100% en los temas. Después de todo, a pesar de tanto estudio, no había conseguido ni llegar a un 3 en el tema escrito. Tal vez, el hecho de poder dedicar toda mi energía a esa parte, sin distracciones de la parte práctica, podría jugar a mi favor.

 

Otro factor a tener en cuenta eran las 5 bolas. Ya no era necesario saberse 67 temas como la última vez. Aquí la duda era ¿cuántos temas estudiar? Lo que yo tenía claro es que no quería dejar mi oposición a la lotería de las bolas, y quería ir con un 99,9% de posibilidades de que me cayera uno de los temas que me sabía. Hice los cálculos, y para mi especialidad con 71 temas, necesitaba estudiar 52 temas para alcanzar esa probabilidad.

 

Nota: aquí otra cuestión que debemos anotar cuando los opositores hablan de “suerte”. Está claro que no controlamos las bolas que caen en el sorteo, pero si solo me estudio 20 temas, las probabilidades de que me caiga uno son mucho menores que si me estudio 40. Si como opositor dejas las cosas a la “suerte” te expones a que esta no te sonría en el día más importante del año. Tu obligación como opositor es minimizar ese factor. 

 

En septiembre de 2007 ya había dejado la banca para dedicarme 100% a la oposición y empecé con más fuerza de lo que lo había hecho en 2005. En esta ocasión, lo haría como un cohete. Pensé que, si empezaba estudiando mañana y tarde, 8 horas al día, tal vez no sería necesario llegar a las 12 horas diarias los últimos meses y podría llegar más descansado que la última vez. 

 

El plan era estudiar los 52 temas durante 7 meses, entre septiembre y marzo, y dedicar los últimos 3 meses a la programación didáctica, ya que 2 años después, seguía sin tener ni idea de cómo se hacía o defendía dicho documento. Los plazos se fueron cumpliendo.  En navidad ya tenía memorizados 30 temas, y en marzo llegaba a los 52 que me había planificado. En los últimos 3 meses todo se reducía a repasar lo ya estudiado (que no era poco) y aprender a elaborar una programación, ya que este año tendría que hacerlo sí o sí de manera obligatoria. 

 

Llama la atención que ya era 2008 y tres años después de empezar a opositar, yo seguía sin saber cómo elaborar una programación didáctica, y mucho menos cómo defenderla. Así que pedí ayuda a un amigo, profesor de economía, que ya tenía la plaza y contaba con la programación de su hermana, que había obtenido también una plaza en economía hacía no tanto tiempo. En esos últimos meses nos reunimos varias veces, siempre con la programación de la hermana de mi amigo de fondo. A decir verdad, sería él quien haría prácticamente todo el trabajo de adaptación y mejora del documento. Su ayuda fue inestimable, ya que sin él, hubiera sido complicado que hubiera podido tener algo decente que defender. Sin embargo, cometí el principal pecado capital que puede cometer un opositor con la programación didáctica: defender un documento que no ha sido elaborado por uno mismo. 

 

En esos meses salieron las convocatorias de las diferentes Comunidades Autónomas. Para sorpresa, mientras Castilla La Mancha solo sacaba 11 plazas, en Andalucía había 120. La proporción parecía escandalosa. Debido a la transitoria ni siquiera obteniendo un 10, podría obtener una plaza en Castilla La Mancha, ya que era imposible competir con las enormes ventajas de los interinos (luego se confirmó que todas las plazas fueron para dichos interinos). Sin embargo, en Andalucía, con 120 plazas, las posibilidades se abrían. La decisión estaba tomada, y me presentaría a Andalucía, por lo que había que adaptar toda la programación a la Comunidad.

 

Una vez elaborada la programación, me volví a centrar en el repaso final de los temas.  Lo cierto es que de nuevo iba confiado, pensando que me sabía 52 temas de memoria y que contaba con una programación de calidad en mis manos. Es curioso, porque el hombre parece ser el único que tropieza con la misma piedra dos veces. En mi estudio de temas, había hecho exactamente lo mismo que dos años antes, es decir, memorizar todos los temas que me habían dado en la academia. ¿Y esperaba resultados distintos?

 

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”

 

Todo iba a cambiar una calurosa tarde del mes de junio, apenas una semana antes del día de la oposición. Me encontraba estudiando en la biblioteca del parque en Albacete y en el descanso aproveché para bajar a tomar un café. En ese momento se me acercó una chica, que me dijo que había visto un tema de oposición en mi mesa y me preguntó si me iba a presentar a las oposiciones de economía. Esa chica era “S”, y sería la primera persona que iba a abrir mis ojos en el mundo de las oposiciones. Nunca nada ha vuelto a ser lo mismo después de aquella conversación

 

S: Mira Javi, siento decirte esto y más quedando solo una semana para la oposición, pero si haces ese tema tal y como lo tienes en la mesa vas a suspender.

 

Javi: ¿A suspender? ¿Por qué? 

 

S: En una oposición te tienes que diferenciar, y ese tema que tú tienes lo va a hacer igual más de la mitad de los opositores. Sinceramente siento decirte esto a una semana del examen, pero es para que la próxima vez no te vuelva a ocurrir lo mismo. Yo estoy con un preparador que nos enseña paso a paso y nos corrige simulacros de temas. Es el mejor de Castilla La Mancha y casi todo el mundo que está con él se saca la plaza.

 

“S” continúo durante algunos minutos explicando algunos detalles de por qué mi tema me conduciría al fracaso. Me quedé completamente helado y cometí el error de no pedir su número de teléfono, con el que poder luego contactar con ese misterioso preparador.

 

Recuerdo que un escalofrío recorrió mi cuerpo. Dos años después alguien me había desmenuzado por qué había suspendido en la anterior oposición y por qué “con toda seguridad” iba a suspender también esta. Durante dos años, la gente solo me había hablado de suerte, y esta persona había sido capaz de detallar todos los errores de mi tema escrito con un simple vistazo. Sin embargo, no había tiempo de lamentaciones y tenía que ir al examen con lo que tenía. 

 

Después de todo, la oposición en Andalucía suponía una oportunidad única, ya que nos íbamos a presentar unas 450 personas para 120 plazas. En ese momento pensé algo que todavía pienso a día de hoy, que nunca jamás habría una ratio mejor para obtener una oposición de economía (menos de 4 opositores para una plaza). En mi mente, pensaba que lo normal es que solo fueran de verdad preparadas unas 240 personas, y que por tanto, la ratio bajaba hasta 2 opositores por una plaza. ¿De verdad que no era capaz de estar entre el 50% de los mejores? Esta oportunidad no se podía escapar.

 

Llegó el día, y el tribunal que se me asignó fue Jaén. Con mis 52 temas, esperé el sorteo de bolas con tranquilidad, y una vez realizado el mismo, el problema se centró en elegir. Me sabía los 5 temas que cayeron y me lancé al que creía que me daba más posibilidades. Escribí durante dos horas sin parar, y de nuevo, había clavado el tema de mi academia. Otra vez me fui a casa pensando que el tema que había hecho era “perfecto” y que obtendría una gran nota, aunque las palabras de “S” resonaban en mi cabeza. 

 

Diez días después tocaba el turno de la defensa de la programación y la unidad didáctica. Y aquí el segundo error capital de los opositores: había dedicado meses y meses a estudiar y repasar temas, y hasta la fecha, no había practicado la defensa de la programación didáctica, y ni mucho menos de la unidad. Sinceramente, echando la vista a atrás, pienso que cómo se puede ser tan estúpido. En esa transitoria, el tema valía un 40%, la programación un 30% y la unidad otro 30%. Y yo había dedicado el 99% de mi tiempo a los temas y había dejado los ensayos de la defensa para después del primer examen ¿tiene sentido dedicar solo los últimos 10 días a algo que vale el 60% de la nota? ¿se pueden tomar peores decisiones?

 

Nota: aquí puedes seguir tomando nota, la mayoría de veces que un opositor habla de “mala suerte” es que ha tomado una serie de malas decisiones, ya que casi todo lo malo que te puede pasar el día del examen, puede ser entrenado y controlado. Si el día de la defensa te quedas en blanco o te confundes ¿es de verdad mala suerte? O acaso ¿no es lo más normal del mundo fallar en algo que apenas has entrenado diez días? Hablaremos más delante de como muchas veces el opositor no cumple y piensa que lo que le pasa el día del examen es “mala suerte”. Todo es entrenable.

 

Durante esos diez días practiqué las defensas, sin saber de manera muy clara lo que estaba haciendo. Debo decir a mi favor que nunca nadie me había enseñado a elaborar una programación didáctica y que nunca nadie me había asesorado de la mejor manera de hacer una defensa. Tampoco nadie me había corregido ni me había dado consejos de cómo mejorar. Así que cuando llegó el examen, simplemente hice lo que pude. Sin más.

 

Llegó el día de las notas y esa noche tuve una terrible pesadilla. Se me vino a mi cabeza la conversación con “S” y cómo me había desmenuzado todas las razones por las que suspendería de nuevo. Hasta ese día, y pese a todo, estaba confiado en que sacaría una buena nota con la que, al menos, poder ser interino. Pero ese día de las notas, tras la pesadilla, me desperté con sudores. Sabía lo que iba a pasar. Encendí el ordenador esperando lo peor y cuando abrí las notas del tribunal, allí estaba. 4,93. Suspenso.

 

En ese año de transitoria no separaban las notas, sino que simplemente te decían la nota media de las 3 partes: tema escrito, programación y unidad didáctica. Han pasado casi 15 años y no tengo ni idea de qué parte logré aprobar y qué parte suspendí, pero si tuviera que apostar, diría que aprobé con una nota baja tanto la programación como la unidad y suspendí estrepitosamente el tema escrito (con lo que sé hoy en día, diría que ese tema no merece ni un 3 de nota).

 

En esta ocasión no me hacía falta investigar por qué había suspendido el tema, “S” ya me había anticipado que esos temas que yo tenía de mi academia me conducirían, irremediablemente, al suspenso. Había una manera de hacer los temas que yo simplemente no controlaba porque nadie me había enseñado. Ahora no había ninguna duda, podrían pasar años y más años, que sin el preparador adecuado, obtendría un suspenso tras otro.  

 

De nuevo, cinco personas diferentes que conforman el tribunal de corrección, habían decidido que mi tema no era digno de un 5, y junto a las cinco personas de la convocatoria anterior ya eran diez. Diez personas diferentes, cada uno de su padre y de su madre, habían dicho que mis temas estaban suspensos, y todavía había gente que me hablaba de suerte.

 

Es curioso esto de las oposiciones, porque 15 años después sigo escuchando la misma canción. Gente que acaba una oposición con una nota media de 3 o 4 y te habla de suerte. Personas que te juran que han hecho exactamente el mismo tema que otra persona y que ellos han sacado un 3 y la otra persona un 8. Y yo me pregunto ¿el mismo tema de verdad? ¿La misma letra? ¿la misma simetría en el escrito? ¿El mismo formato? ¿la misma forma de expresar y relacionar las ideas? 

 

Cuando me decidí a empezar a preparar a opositores me propuse hacer varios experimentos con los temas escritos. El objetivo era demostrar cómo un tema escrito en determinadas condiciones, siempre será suspenso, y cómo otro siempre obtendría una buena nota, todo esto con independencia de quien lo corrija.  Uno de los primeros experimentos consistió en comprobar como, aunque dos opositores estudien el mismo tema, a la hora de escribirlo pueden llegar a resultados muy diferentes, ya que pequeños detalles marcan grandes diferencias. Cogí a dos opositores y les di el mismo tema a Word que tenían que estudiar. A uno de ellos no le di ningún tipo de instrucción, simplemente memorizar y hacerlo en dos horas. Con la otra persona, le di unas mínimas instrucciones a nivel de diferenciación. En principio, las instrucciones eran lo suficientemente pequeñas para que no hubiera prácticamente diferencias.

 

Ambos hicieron el tema escrito, después se lo entregué a 10 personas que eran profesores de economía, y sin ninguna aclaración les dije que pusieran una nota del 0 al 10. El resultado fue el que me temía, ya que el tema que no había recibido instrucciones obtuvo una calificación media de 5,2 y el que había recibido unas pequeñas instrucciones obtuvo una calificación media de 8,4. Lo curioso de todo, es que si nos centrábamos únicamente en el contenido del tema, las diferencias entre ambos eran de menos del 10% del contenido del examen, y aún así la diferencia en nota superaba los 3 puntos.

 

Este experimento que hice en 2014 me permitió comprobar algo que no entienden los opositores, que aunque uno piense que ha hecho el mismo tema que otra persona, unas mínimas modificaciones, suponen grandes diferencias. Y es que en un tema, al igual que cuando hay una discusión en una pareja, la versión cambia según quien la cuente. A todos nos ha pasado que dos personas nos cuentan una discusión que han tenido y cada uno modifica unos pequeños detalles. Con esos cambios, la historia es completamente diferente, y uno parece el bueno y el otro el malo. Lo mismo pasa en un tema escrito.

 

Por ese motivo, nuestra canción de hoy es 19 días y 500 noches después, porque “todo lo que se vuelve a contar ya es otra historia, todo lo que se rompe inventa a su enemigo, y la misma canción al cambiar de persona no dice lo de siempre, cuando dice lo mismo”.

 



Por mi parte, la oposición de 2008 fue la puntilla final. Nos habíamos presentado 450 personas para 120 plazas y yo no había conseguido ni un mínimo aprobado. Había desperdiciado una oportunidad de oro, 1 plaza para 4 personas, pero no solo no había conseguido la plaza, sino que ni siquiera tendría la opción de ser interino. No era una cuestión de plazas ni una cuestión de oportunidades, simplemente yo no estaba a la altura. Había una manera de diferenciar los temas, una manera de ser mejor a los demás que yo simplemente desconocía. “S” me había marcado todo lo que hacía mal, pero sin el preparador adecuado podría repetir la oposición una y mil veces que el resultado sería exactamente el mismo. Me lamenté un millón de veces de no pedirle a “S” su número de teléfono para preguntarle quien era ese misterioso preparador. Desgraciadamente, nunca lo sabría.

 

Si el 2006 había sido una decepción, el 2008 se consolidaba como un fracaso total, una oportunidad única que nunca volvería. Sin conocer esos secretos claves para diferenciar un tema, tropezaría en la misma piedra una y otra vez. Ese verano de 2008 fui consciente de que por mi mismo no podría descifrar los secretos para aprobar una oposición. El esfuerzo y el dolor eran demasiado grandes, y la única opción era tirar la toalla. Mi futuro estaría lejos de la docencia y nunca me convertiría en profesor.

 

En ese 2008 decidí que nunca jamás volvería a opositar… o al menos eso pensaba en ese momento. Y es que no mucho después, aparecería una figura que cambiaría mi vida para siempre: el caballero blanco de 2010.



Mi historia con las oposiciones

 

- La decepción de 2006 - Only human

- El fracaso de 2008. -19 días y 500 noches después

- El caballero blanco de 2010- Oh angel sent from up above.

- La semilla de 2012 - Moving. 

- Los experimentos de 2014.(Próximamente)

- La prueba beta de 2016. (Próximamente)

- El último gran héroe de 2018. (Próximamente)

- La prueba de fuego de 2021. (Próximamente)

- La mentalidad sublime de 2023. (Próximamente)


Consejos para afrontar las oposiciones de educación (Próximamente)


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