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El último gran héroe de 2018 - Eso que tú me das

Mi historia con las oposiciones


- Prólogo - Believer 

- La decepción de 2006 - Only human

- El fracaso de 2008. -19 días y 500 noches después

- El caballero blanco de 2010- Oh ángel sent from up above.

- La semilla de 2012 - Moving. 

- Los experimentos de 2014 - Es mentira

- La prueba beta de 2016. - Whatever it takes

- El último gran héroe de 2018. - Eso que tú me das

- La prueba de fuego de 2021 - A contracorriente

- La mentalidad sublime de 2023. (próximamente)

- El factor Elena de 2024 (próximamente)

- El truco final de 2025 (en curso)



Para estas oposiciones de 2023 he decidido elaborar una guía y unos consejos para ayudar a los miles de opositores que sueñan con una plaza. Pero para entender todo lo que tengo que contar es necesario que conozcas primero mi historia. Hoy seguimos con la séptima parte: el último gran héroe de 2018.


El último gran héroe de 2018.

En el curso 16-17 decidí cambiar Cádiz por Málaga durante al menos un año. En ese momento se acaba de aprobar “el concursillo” un sistema que permitía a los funcionarios con destino definitivo acceder a vacantes de un año que quedaban disponibles. Se acababa así con la injusticia histórica de que las personas con destino definitivo no pudieran acceder a dichas vacantes, muchas de ellas disponibles en los mejores centros de cada ciudad. 


Mi primera experiencia en la capital de la costa del sol fue en el IES Huelin, un centro excepcional donde tuve la suerte de coincidir con unos compañeros espectaculares. Desde el minuto uno Málaga cumpliría todas mis expectativas; Un tiempo maravilloso con más de 300 días de sol al año, una ciudad con todo tipo de eventos culturales y una gente que te recibe con los brazos abiertos. Y es que Málaga representa a las mil maravillas lo que significa el carácter andaluz: todo el mundo es bien recibido sin importar su origen, raza o condición. 

 

El IES Huelin es sin duda un centro muy particular, capaz de juntar en su alumnado a chavales que vienen de procedencias y niveles socio-económicos muy diversos. Como profesor, te exige un nivel de adaptación continuo, ya que puedes pasar de una clase en donde digamos que es complicado ser profesor, a otra en la que se juntan varios alumnos de lo más brillante de la Comunidad Autónoma y posiblemente de España. Puedo decir que en los dos años que estuve allí, disfrute de los mejores alumnos a nivel académico que nunca he tenido, pero también de algunos de los peores.

 

Ese curso 16-17 es el de la implantación definitiva de la LOMCE, donde la materia de economía empezó a ganar más peso, con su instauración definitiva en 4º de la ESO. En Andalucía en la ESO existe el cheque-libro, donde la Junta compra los libros de texto y los reparte entre el alumnado. Estos libros van pasando por los alumnos de un año a otro hasta que se renuevan. El problema de economía de 4º de la ESO es que ese año no tocaba renovación, y por tanto, los libros no estaban comprados y pagados por la Junta de Andalucía. Ante esta situación, si se compraban los libros correrían a cargo del presupuesto del instituto, por lo que la directora me pidió el favor de que yo mismo elaborara mi propio libro y se lo entregara en formato PDF a los alumnos. Esta anécdota marcaría un antes y un después.

 

Por otro lado, desde que comencé mi andadura como profesor, siempre había querido ser tutor de las prácticas del máster de secundaria. Sin embargo, nunca me habían mandado a nadie, ni en Huelva, ni en Granada, ni en Cádiz. Ese año, por fin, me comunicaron que una chica, Marina, vendría a hacer las prácticas y que estaría unas 5 semanas viendo mis clases y aprendiendo a ejercer la profesión docente. También se estipulaba que sería conveniente que, al menos, ella misma impartiera las clases durante una de esas semanas. Marina vino a presentarse al instituto en diciembre, y me comunicó que a partir de enero vendría las 5 semanas correspondientes. 

 

Marina era una chica de solo 23 años, llena de energía, trabajadora, muy organizada y extremadamente meticulosa. En cierta manera me recordaba a mi prima Consu, tanto por todas estas cualidades, como por su tendencia a agobiarse debido a su excesivo perfeccionismo.

 

A partir de enero Marina empezó a presenciar las clases. Se sentaba en la mesa del profesor y empezaba a tomar notas de todo. Mi estilo como profesor siempre ha sido el de explicar los conceptos económicos a partir de mis historias personales, y a partir de ahí iniciar un diálogo con los alumnos. Las tareas y los exámenes también se centran en tratar de explicar, a través de la economía, las situaciones reales que les podrían pasar a ellos mismos. A los alumnos les fascina ver como todo, absolutamente todo lo que vemos en clase, tiene una aplicación en el mundo real. Pronto Marina se vio cautivada por este estilo, tan diferente a lo que había visto ella misma como alumna.

 

Marina me pidió extender sus 5 semanas obligatorias. Le pregunté cuantas semanas más quería asistir y su respuesta me dejó helado. Quería venir a todas y cada una de las clases hasta final de curso. Era un comportamiento tan sorprendente como refrescante. Acostumbrado a una época en donde predomina la ley del mínimo esfuerzo, donde todas las personas utilizan la excusa de la falta de tiempo (cuando casi siempre es la falta de ganas), Marina suponía un rayo de luz en un mundo donde predomina la oscuridad. Cuando le tocó su turno de dar clase, le di oportunidad de impartir una unidad didáctica entera durante más de dos semanas. Las diapositivas que elaboró (quedándose despierta hasta las 3 de la mañana muchas noches para poder diseñarlas) era lo más increíble que había visto hasta ese momento. Marina era especial.

 

Marina estaba decidida a convertirse en profesora, así que me preguntaba mucho por las oposiciones. Le conté mis fracasos de 2006 y 2008, la importancia de tener un preparador como “J” y las claves que había descubierto en 2014. Le di muchísimos consejos de cómo afrontar las pruebas y ella me pidió allá por marzo de 2017 que le ayudara con sus primeras oposiciones en 2018. Todavía hoy me recuerda mi respuesta. – Ni de broma.

 

Todavía quedaba demasiado cerca las oposiciones de 2016, donde me había vaciado física y emocionalmente en la preparación para Consu y Alejandro. Había llegado a la conclusión de que el esfuerzo de preparar  era demasiado grande y que no volvería a hacerlo. Sin embargo, le dije a Marina que antes de decidirse por una academia o un preparador, me enseñara las opciones que tenía. En abril me mostró los correos que había recibido con información de varias personas. Cuando los leí, ninguno me convenció, todo me parecía lo mismo de siempre. Me vi reflejado en el año 2006, cuando me había matado a estudiar, pero no había contado con el preparador adecuado. Sentí la responsabilidad de no poder dejar a alguien como Marina en la estacada.

 

Después de un mes diciendo que no, finalmente dije que sí. Le expliqué que sí quería que realmente le preparara, le pondría un plan realmente exigente y le establecería una serie de normas que habría que cumplir a rajatabla. Marina me dijo que sí a todo y me puso una condición: también debía preparar a su amiga del máster, una tal Myriam. Para convencerme, Marina me aseguró que Myriam era tan trabajadora y aplicada como ella y que incluso había sido una de las primeras en su promoción. Acepté a regañadientes.

 

Mientras tanto, mi libro de 4º de la ESO estaba casi terminado. En los primeros temas los alumnos habían tenido problemas, ya que veían los conceptos demasiado teóricos. Recordé en ese momento una anécdota de Cádiz. 

 

Corría el año 2015 y estábamos en clase de segundo de bachillerato. Pregunté a toda la clase por la ley de la demanda que vimos el año anterior. Nadie, absolutamente nadie, respondió, ni siquiera varios alumnos que habían sacado un 10. La respuesta de muchos dejó me dejó helado. – “Profe, después de un examen es complicado que recordemos algo. Lo memorizamos, lo vomitamos y se nos olvida”.

Entré a la clase de primero pasmado y les conté lo que acababa de pasar. Allí estaba el máscara (el más carajote) que había suspendido el año anterior    – “¿La ley de la demanda dices? ¿Eso es lo de la historia de las converse no?” 

El máscara se dispuso a explicar a toda la clase la ley de la demanda y su efecto renta y sustitución (algo que no estaba en los apuntes pero que se explicó en clase, a través de una historia en la que yo contaba qué había ocurrido para que yo acabara comprándome tres pares de zapatillas converse). Yo estaba alucinado. – Pero ¿cómo puedes acordarte de eso un año después, si encima suspendiste?

– “Ticher, te voy a dar un consejo, son tus historias las que nos tienen enganchados a economía y lo que acabaremos recordando. Si yo fuera tú, haría mi propio libro e incluiría todas las historias que nos cuentas. Si lo haces, tendrás unos apuntes sublimes, es más, yo lo llamaría “Econosublime”. 

A partir del segundo trimestre empecé a incorporar todas mis historias personales al nuevo libro de 4º y las notas empezaron a mejorar drásticamente. En las tutorías, muchos padres me decían que estaban enganchados a mi libro y que ellos mismos estaban disfrutando y aprendiendo de este enfoque de la economía. Algunos de ellos me comentaron que era una lástima que más alumnos de España no pudieran disfrutar de ello, y me instaron a crear una página web y compartir mis apuntes con el mundo. Así, ese verano de 2017 nacería www.econosublime.com

 

Mientras tanto, le puse un plan de trabajo a Marina y Myriam. En la última oposición de 2016, el plan había sido preparar durante 12 meses, pero se había quedado corto. El nivel de las oposiciones estaba aumentando y la parte práctica empezaba a exigir una mayor cantidad de tiempo y trabajo. Por ese motivo, decidí una planificación de 14 meses empezando en mayo de 2017.

 

Nota. 14 meses se volvieron a quedar cortos y no cumplimos los objetivos marcados. Hablaremos mucho de ello más adelante, pero una preparación de menos de 18 meses reduce y en gran medida las opciones de plaza.  

 

Mientras Marina llevaba varios meses presenciando mis clases y era más conocedora de mi estilo, Myriam tendría que adaptarse completamente de cero. Myriam acababa de cumplir 24 años y tenía una ética de trabajo parecida a la de Marina. Tenía una habilidad innata para adaptar el sistema de diferenciación a los temas escritos y a las defensas. No era tan extremadamente perfeccionista como Marina, pero era capaz de llegar a resultados similares, lo que le convertía en increíblemente eficiente. Si la palabra que define a Marina es “perfeccionismo” la que define a Myriam es ”rendimiento”. La pareja perfecta.

 

Ambas presentaban el problema de su poco baremo para unas oposiciones: 2,5 y 3,5 respectivamente, lo que complicaba la opción a plaza. Empezamos con la preparación aprovechando los aspectos que habían funcionado a la perfección con Consu y Alejandro en 2016. Sin embargo, había comprobado que había una serie de aspectos de mejora y nos pusimos manos a la obra en cada una de las partes:

 

- Tema escrito. La planificación se basaba en enseñar a diferenciar los temas a Marina y Myriam. Les entregué mis temas bases mejorados respecto a la última convocatoria y ellas debían aplicar factores diferenciadores. Luego los hacían en formato simulacro de examen y yo se los corregía. El calendario exigía realizar los simulacros de manera periódica y las correcciones eran párrafo por párrafo. Y es que corregir un tema escrito en condiciones puede suponer entre 45 minutos y una hora de tiempo.

 

- Parte práctica. Volvía a ser nuestro punto débil, ya que yo todavía no tenía esa parte elaborada por mí. A esa fecha ya había recopilado gran cantidad de materiales de diversas fuentes. Se los entregué a ambas, pero el hecho de tener que depender de algo externo suponía un quebradero de cabeza para mí. Aún así, confiaba en las habilidades numéricas de ambas.

 

- Parte defensas. Empezaríamos desde el principio de la preparación. La experiencia me había enseñado lo difícil que es hacer una defensa brillante, y cómo dejarlo para los últimos meses suele ser sinónimo de fracaso. Les puse un calendario de defensas desde muy pronto y empezamos con todas las correcciones. Además, con la LOMCE ya completamente implantada, tenía muchas nuevas ideas que podrían suponer un nuevo golpe a la diferenciación. El objetivo no era ni el 8 ni el 9, el objetivo era rozar el 10 como yo había hecho en 2010. La nueva ley suponía una gran oportunidad para ello.

 

Una vez empezaba la preparación me di cuenta de lo perdidos que van los opositores y como muchos fallan en cumplir con lo más básico. Los primeros exámenes, y especialmente las primeras defensas de Marina y Myriam, fueron regular (como siempre suele ocurrir). Iba a necesitar una buena dosis de paciencia con ellas, pero esto no era nuevo para mí. Yo mismo en 2009 estaba en esa misma situación, completamente perdido y tropezando en la misma piedra una y otra vez. Recordé lo afortunado que había sido de conocer a “J” y como sin su ayuda no había hecho otra cosa más que suspender. Una vez vistas sus primeras defensas y exámenes-simulacros, pude confirmar que estaban muy lejos del lugar al que necesitábamos llegar para optar a una plaza. Pensé que habría que trabajar muy duro con todas las correcciones durante más de 12 meses si queríamos llegar a lo más alto.

 

Sin embargo, no puede evitar pensar con tristeza en los miles y miles de opositores que estaban tan perdidos como Myriam y Marina pero no recibirían ayuda alguna, perdiendo su dinero, su tiempo y su energía. Para finales de 2017 empecé a rumiar una idea. En mi cajón estaba la “guía de cómo elaborar una programación didáctica”, documento que había diseñado en 2012, a petición de “J”, para todos los opositores que se presentarían a las oposiciones de ese año. Esas oposiciones se habían cancelado definitivamente, pero el documento era extremadamente minucioso y tenía la posibilidad de ayudar a miles de opositores de todas las especialidades de secundaria y FP fuera cual fuera la Comunidad Autónoma donde se presentaran ¿Era el momento de rescatar el documento y presentarlo al mundo?

 

La pregunta era urgente. En ese momento no existía en internet prácticamente nadie ni nada que explicara cómo elaborar y mucho menos cómo defender una programación didáctica. La mayoría de personas que tenían cierto dominio del tema estaban cobrando jugosas cantidades como preparadores o academias.  Sin embargo, había muchos opositores que no se podían permitir una preparación o que simplemente, como yo en 2006, no estaban siendo bien asesorados en sus respectivas preparaciones.  De hecho, numerosas academias siguen haciendo una preparación de la programación didáctica bastante dudosa. En otros casos, la preparación de esta importante parte llega tarde, mal y nunca. 

 

En este punto juega un papel crucial mi amigo Miguel, que se había convertido en mi compañero de fatigas de Málaga. Miguel había sido tribunal en la última oposición, y coincidía conmigo en lo poco que sabían los opositores de todo lo que hacían mal en las pruebas, con independencia de que hubieran ido a una academia, a un preparador, o que lo hubieran preparado por su cuenta. En su tribunal, muchos de los opositores habían suspendido por no entender cómo defender los aspectos más básicos. Nuevamente, me acordé de mí mismo en 2006 y 2008. Yo había estado ahí, solo, desamparado y sin ayuda.

 

Le enseñé a Miguel el documento guía que había elaborado en 2012. Después de examinarlo, no le cabía duda de que si los opositores suspensos de su tribunal hubieran aplicado todos los pasos que ahí estaban explicados, todos y cada uno de ellos hubiera aprobado y probablemente con una buena nota. Miguel me confirmó que esa guía sería una tabla de salvación para miles de personas. En mi cabeza ganaba peso la posibilidad de “liberar” el documento de manera totalmente gratuita en internet, a través mi página web.

 

Nota. Es importante volver a repetir que en esos momentos no existía ninguna web que explicara paso a paso como elaborar una programación didáctica. Hasta entonces, muchos opositores obtenían una plaza simplemente porque controlaban los aspectos más básicos de una programación. Ante el desconocimiento de la mayoría de rivales “lo más básico” podía equivaler a una plaza. Sin embargo, una vez que fueran publicados los puntos clave de manera gratuita, todo el mundo tendría acceso a ellos, con lo que “lo más básico” nunca más sería suficiente. A partir de ahí, habría que ser excelso.  La liberación del documento supondría un antes y un después en el mundo de las oposiciones. Un tremendo igualador de las oportunidades.

 

Una tarde mientras Miguel y yo seguíamos debatiendo del tema, otro amigo me insinuó que estaba loco si publicaba el documento. Me comentó cómo esa guía, válida para todas las especialidades de secundaria y FP, sería una mina de oro si empezaba a venderla, ya que muchísima gente estaría interesada en comprarla. Le comenté que el objetivo no era ganar dinero, si no rescatar a miles de opositores que estaban tan perdidos como yo lo había estado, opositores que tal vez nunca encontrarían a su “J”. 

 

Nuestro amigo nos repitió a Miguel y a mí que uno puede ayudar a los demás, pero que cuando en su poder tiene algo tan valioso, se puede ayudar mientras se cobra un precio justo. Me entraron las dudas, porque probablemente lo que decía era cierto, pero si ponía un precio no conseguiría llegar ni a un 10% de las personas a las que llegaría si era gratis. Además, no estábamos hablando de un servicio que tendría que dar de manera continuada y que me supondría horas de trabajo diario. El trabajo ya estaba hecho en su mayor parte, y compartirlo estaba a un click de distancia. 

 

Probablemente, el hecho de que una guía como esa pudiera valer mucho dinero, era la razón de que no existiera de manera gratuita en internet. Pero, precisamente por eso, se necesitaba que alguien diera el paso por primera vez. Le pregunté a Miguel qué pensaba al respecto y me dio la respuesta que desencadenó los acontecimientos. “Javi, alguien tiene que ser el último gran héroe”.

 

Así, añadí todas las actualizaciones a la guía, además de varios consejos de lo mucho que había aprendido desde 2012. La entrada en la web se tituló “Guía para elaborar una programación didáctica en secundaria y FP”. Como había previsto, miles de opositores recibieron el material gratuito con los brazos abiertos al mismo tiempo que me pedían más información para poder saber cómo hacer una unidad didáctica. Ante petición popular, meses después nacía la entrada “Cómo elaborar una unidad didáctica”. Una vez que los opositores ya sabían elaborar el documento, quedaba lo más importante, saber cómo defenderla. Así, me dispuse a elaborar una serie de vídeos, que en 10 pasos, explicaba delante de una pizarra cómo defender una programación didáctica el día de la oposición. Los vídeos fueron un éxito total, llegando a cerca del millón de visualizaciones. El objetivo se había cumplido, la información llegó a miles de opositores de todas las especialidades de toda España y, al menos, hubo una mayor igualdad de oportunidades para todos. 

 

De vuelta con la preparación, comenzamos encontrándonos con una serie de problemas. En los temas escritos Marina y Myriam no terminaban de conseguir el nivel de diferenciación deseado y había ciertos problemas de fluidez a la hora de querer expresar todas las ideas. Pronto detecté el causante de todos los males: Microsoft Word.

 

Cuanto yo era alumno de universidad, iba a clase y me pasaba 3 o 4 horas al día tomando apuntes. Si necesitaba completar información, iba a la biblioteca y tomaba apuntes de lo que necesitaba. Una vez como opositor, elaboré mis temas desde cero, yendo a la biblioteca y copiando de los libros todo lo que necesitaba. Todos mis temas habían sido redactados a puño y letra en donde añadía todo tipo de dibujos, figuras y anotaciones por todos los lados. El campo visual y la capacidad de redacción que te da tu propio tema escrito es simplemente inigualable. Las conexiones neuronales que se generan al estudiar a través de tus propios escritos hacen que los contenidos se queden a fuego en tu mente. Una vez que hacía simulacros de exámenes, volvía a escribir el tema una vez más y hacía anotaciones a posteriori de las cosas a mejorar.  Todavía guardo esos temas escritos, en donde cada tachón y cada anotación por los márgenes supone una nueva herida de guerra.

 

Y es que tener que elaborar tus propios temas a papel una y otra vez eleva tu capacidad de redacción, de unir ideas y hacerlas fluir, de saber donde está lo importante y lo que es prescindible. Los tachones te permiten ver que has eliminado y por qué lo hiciste. Las anotaciones en los márgenes te recuerdan que eso es importante de un simple vistazo.  Eleva tu capacidad memorística y de retención y también tu calidad de escritura y la velocidad de la misma.  Y ahí están las nuevas generaciones usando al archienemigo de todo esto: el Microsoft Word. O mejor dicho, la obsesión por el Microsoft Word.

 

Ahora vas a las universidades y las aulas se llenan de portátiles en donde los alumnos se dedican a escribir en el procesador de textos. Un programa que te corrige las faltas de ortografía o los problemas de concordancia sin que te des cuenta. Un programa que te facilita el copia-pega (deporte olímpico de la nueva generación), con lo que eliminas la necesidad de tener que reflexionar cómo redactar los contenidos. Pero luego llega la oposición, y allí el tribunal no te corrige un documento Word. Allí no hay asistente de ortografía o de concordancia. Allí, o sabes redactar o te vas a la calle. 

 

Nota. Al contrario de lo que se suele pensar, el gran problema actual en los alumnos no son las faltas de ortografía. Muchos de los opositores suspenden por un nivel de redacción mediocre. Normalmente, ellos piensan que su tema era perfecto y no son conscientes de su escaso nivel a la hora de hacer fluir las ideas. ¡Qué importante es saber redactar!

 

Myriam y Marina adolecían de todos estos males, lo que estaba arruinando sus temas escritos. El Word les iba a llevar irremediablemente al suspenso, así que a partir de ahí instauré una norma; Estaba completamente prohibido redactar los temas en el ordenador; todo debía ser de su puño y letra. Les dije que, si me enviaban un archivo para que lo leyera, yo ni siquiera lo abriría. Una vez extirpado el tumor, empezaron a volar. 

 

En las defensas fue realmente sorprendente lo pronto que Marina y Myriam cogieron un elevado nivel. Sin embargo, al igual que había pasado con Consu en 2016, tenían cierta tendencia a agobiarse con el más mínimo fallo, lo que habitualmente arruinaba las exposiciones. Así, tras alcanzar un gran nivel muy pronto, los nervios hacían que se estancarán. Y es que una vez más, la clave no es sólo lo que se dice sino cómo se dice. 

 

Todavía quedaban algunos meses para el examen de junio de 2018 y estábamos en un momento clave. Yo sabía que el nivel alcanzado ya les permitiría sacar buena nota en las defensas, pero no era suficiente. Con un baremo de 2,5 no basta con hacerlo bien, tienes que ser el mejor, tienes que rozar la perfección. Les insistí que quedaba tiempo y que si hacíamos muchas defensas todos los detalles se irían puliendo. No en vano, a Consu y Alejandro les había llevado más de 8 meses conseguir hacer buenas defensas. Yo mismo en 2010 había pasado por la misma situación, al igual que mis compañeros.

 

Una figura clave fue la aparición de David. Conocí a David cuando todavía quedaban varios meses para el examen de oposición. Me comentó que llevaba un tiempo estudiando y que su idea era presentarse únicamente con la parte teórica y práctica sin apenas tocar la programación didáctica. Le comenté el enorme error que ello suponía, y que al no tampoco tener nada de baremo, necesitaría una nota muy alta en esa segunda parte si quería tener la más remota opción de una plaza. Me comprometí a ayudarle en ese mismo momento si nos poníamos manos a la obra. No había ni un segundo que perder.

 

En la parte didáctica de las oposiciones, la clave siempre ha sido el momento de la defensa, la cual es más importante que el documento en sí. El problema es que en ese momento David ni siquiera tenía una programación didáctica elaborada, aunque me indicó que le habían dejado algunas de ejemplo y que podría tenerla hecha en relativamente poco tiempo.  Le expliqué que necesitábamos hacerlo con urgencia, ya que era imprescindible empezar a ensayar delante de la pizarra cuanto antes.  Cuando llegó a mi casa para empezar a trabajar las defensas vino con su programación completa e incluso impresa, confiado de que su documento estaba completo. Al fin y al cabo, le habían dejado varias programaciones que habían obtenido una plaza años anteriores ¿qué podría haber mal? No es que su programación estuviera mal, de hecho, era complicado localizar algún error importante. Simplemente era una más como las cientos que circulan en las oposiciones, sin absolutamente nada diferenciador respecto a las demás. Y ya sabemos que ocurre cuando uno es igual a los demás. David todavía me recuerda la cara que se le quedó cuando, después de ojearla unos segundos, cogí la programación impresa y la tiré a la basura. Si el objetivo era ser el mejor de su tribunal, tendríamos que empezar de cero.

 

David tenía una personalidad totalmente tranquila, era tremendamente analítico y poseía una gran ética de trabajo. Era una persona con una gran confianza en sí mismo, con talento y gran habilidad para conseguir resultados en poco tiempo. En los meses que trabajé con él, no le escuché ni una sola queja o lamento. David forma parte de esa escasa estirpe de personas que se centra en las soluciones y no en los problemas. Su modus operandi se basaba en observar, tomar notas, analizar y ejecutar. Un asesino silencioso.

 

“Céntrate en la solución, no en el problema”

 

Mi estrategia para las defensas fue juntarle con Myriam y Marina, quienes estaban mucho más avanzadas.  Fue una estrategia de lo más acertada. David pudo disfrutar de las defensas de ambas y tener una imagen precisa de allí donde queríamos llegar. Pero Marina y Myriam también fueron grandemente beneficiadas. Antes de empezar le dije a David que preparara una defensa tal y como la haría el día de la oposición. Cuando llegó el momento de exponer su trabajo, allí estaban ellas dos observando. Una vez que David terminó, ambas se miraron con asombro y preguntaron  - ¿de verdad que la gente solo hace esto el día que hay que defender la programación? David se quedó extrañado, pues estaba seguro que había tocado todos los aspectos importantes en su defensa. 

 

En ese momento, Myriam y Marina se dieron cuenta del nivel de exigencia al que estaban sometidas. Es exactamente lo que le había pasado a Consu en 2016. Mientras que David se mostraba contento con haber conseguido llegar a un nivel de 20, a Marina y Myriam yo les estaba pidiendo llegar a un nivel de 100. Tal vez en ese momento su nivel ya era de 80. Fue justo en ese instante cuando fueron conscientes de que con lo que ya estaban haciendo, estarían muy por encima del resto de opositores. 

 

Llegamos al último mes de oposición con gran parte de los deberes hechos. En este punto muchos opositores cometen el error de dedicarse únicamente a repasar. Sin embargo, es imprescindible elaborar una buena estrategia para este último mes y para el mismo día del examen. Esas últimas semanas las dedicamos a pulir todos los temas estudiados, para asegurarnos de que tuvieran todas las claves de la diferenciación. Trabajamos qué hacer en caso de que no nos cayera ningún tema o si nos tocaba un tema del que no recordábamos muchas cosas. También vimos qué contenidos de varios temas diferentes podríamos combinar para sumar algún que otro tema extra. Por último, diseñamos la manera en la que nos distribuiríamos el tiempo en cada uno de los apartados el día el examen.

 

Cada uno de los tres tenía que viajar a un tribunal distinto, el domingo 24 de junio, día de San Juan. Cuando nos despedimos, quedamos en que nos veríamos ese mismo domingo por la noche para cenar y así poder planificar la segunda parte de la oposición, las defensas. La verdad es que estaba bastante confiado de los resultados. En 2016 los temas escritos habían sido un gran éxito y ahora estos habían sido incluso mejorados. Las claves de la diferenciación estaban controladas y llevaban estudiados un buen número de temas. Además, en la parte práctica también íbamos mejor preparados que la última vez.

 

Por todo esto, la noche del examen dormí mucho mejor que en 2016, y ya por la mañana, a partir de las 3 de la tarde empezaron las primeras llamadas. La primera en llamar fue Marina. Estaba bastante contenta, ya que le había salido un tema que le gustaba y  había defendido perfectamente. También la parte práctica, aunque con algunos fallos, había sido resuelta eficientemente. Más tarde llamó David, también muy contento  tanto con el tema escrito como con la parte práctica.

 

Tardó mucho en llamar Myriam, y cuando lo hizo, estaba llorando desconsoladamente. Le había tocado un tema que apenas recordaba, con lo que aseguraba que ni siquiera llegaría al 2,5 sobre 10 necesario para hacer media con la práctica (la cual había resuelto muy bien). Le recordé que habíamos trabajado qué hacer en caso de que tuviéramos un tema del que no recordábamos mucho y le pregunté si había seguido todas las claves diferenciadoras. Me garantizó que sí, y me explicó con detalle todo lo que había escrito, pero que con eso era imposible que le valiera. Trate de tranquilizarla, asegurándole que, si de verdad había añadido todo lo que me decía, no solo pasaría el corte, sino que obtendría una buena nota. Además, uno siempre acaba escribiendo mucho más de lo que parece y los experimentos de 2014 habían enseñado la importancia de tocar otros aspectos importantes. Myriam estaba totalmente desolada y todavía con lágrimas me dijo que no se presentaría a cenar esa noche, tal y como habíamos quedado, puesto que no iba a pasar a la segunda fase. Pegué un puñetazo en la mesa que tuvo que resonar en Cádiz, donde ella estaba, y le dije que, si no se presentaba a cenar esa misma noche, iría yo mismo a su casa a sacarla de la oreja. 

 

A las 9 de la noche llegaron los tres, apenas unas 6 horas después de haber acabado un examen de oposición de 4 horas y media de duración. Cuando llegaron, Myriam continuaba con sus lamentos. En mi cabeza, Myriam tenía la capacidad y el talento para todavía sacarse la plaza, pero esa actitud echaría todo por la borda. Es algo que les ocurre a muchas personas, que tienen problemas para mantenerse en el presente. Lo que hacen, es proyectar el miedo de la posibilidad de que en el futuro ocurra algo y se bloquean en el presente. Muchas personas viven en continuo lamento sobre cosas que tal vez ocurran en el futuro, y que en muchas ocasiones nunca llegan a ocurrir. Mantenerse en el presente es siempre la clave para el éxito en la vida, y posiblemente para la felicidad.

 

Para remediar el problema le propuse un trato a Myriam. Le dejaría que continuara con todos sus lamentos y quejas durante toda la cena, con la condición de que, a partir del día siguiente, lo único que saliera de su boca fueran cuestiones sobre cómo ser la mejor de la defensa de la programación. Myriam aceptó el trato, se quejó toda la noche y a partir del día siguiente se mantuvo más recta que una flecha en busca del objetivo de ser la número uno. Ahí trazamos el plan , en donde el mismo día siguiente empezaríamos a las 8 de la mañana a preparar las defensas de la programación didáctica. Solo quedaban 10 días para el momento final en el que te juegas una plaza de por vida, no podíamos permitir ni un segundo de descanso. “Descansa al final no a medio camino”

 

Al día siguiente, mientras las playas se llenaban de opositores que se tomaban unos días de descanso entre las dos pruebas, nosotros nos pusimos manos a la obra. Dividiríamos los días en tres partes. Por la mañana en casa, con los portátiles trabajamos todos los aspectos finales de las unidades, siempre con el objetivo clave de la diferenciación. Por la tarde, ya delante de la pizarra, ensayaríamos las defensas con el objetivo de ser el número uno del tribunal. Hacíamos grabaciones y luego por la noche íbamos a casa a cenar y visionar los vídeos mientras corregíamos hasta el último detalle. Las jornadas podían durar 14 horas diarias.

 

Mientras que por las mañanas Myriam y Marina eran auténticos polvorines, completamente nerviosas y alteradas, por la tarde la cosa cambiaba. A ambas les bajaban las pulsaciones, era como si flotaran en el aula y con la tiza en la mano diseñaban obras maestras en la pizarra. Desde la demostración de poderío de “S” en 2010 no había visto nada igual. De todos los opositores que he preparado desde 2015, son ellas las que sin duda han conseguido llegar al más alto nivel de excelencia. Si la perfección en una defensa era posible, debía ser algo muy parecido a lo que tenía delante de mis ojos. Poesía en movimiento.

 

No menos impresionante fue el trabajo de David. Aunque se benefició del espectáculo de poder presenciar a Marina y Myriam, las cuales le llevaban varios meses de ventaja, fue increíble su capacidad para absorber todos los consejos como una esponja. Su confianza y su tranquilidad eran contagiadoras y su velocidad para ejecutar todas las claves de la diferenciación con precisión de cirujano eran dignos de admirar.  

 

Todavía tenían que salir las notas de la primera parte. Cuando llegó el día, se confirmó lo que veníamos esperando. Los tres obtuvieron una buena nota en la práctica, bastante por encima de la media del resto opositores. Y en cuanto al tema escrito: 9,5; 8,5; 7,5. Una vez más se había confirmado lo que llevaba años comprobando. En la nota de los temas influye mucho más el trabajo diferenciado que la famosa suerte. 

 

Nota. Myriam acabó teniendo en el tema escrito una de las notas más altas de su tribunal. Una vez más, lo que le pasó es que no fue consciente del nivel de exigencia al que había sido sometida y lo impresionante que se había convertido a la hora de elaborar temas. Lo que Myriam fue capaz de hacer aquel día, en el momento de máxima tensión, fue una auténtica demostración de poderío. Myriam, al igual que Marina, también era especial. 

 

Habíamos cumplido la hoja de ruta, un tema escrito con una buena nota y una práctica por encima de la media. Quedaba pasarse el monstruo final: ser el número uno en la parte de las defensas. La única manera de llegar a la plaza cuando no tienes baremo.

 

En mi mente todo pasaba por un 3 de 3 en plazas. El nivel de excelencia de Marina, Myriam y David era tan alto, que para mí era imposible que nadie se les acercara en esa segunda parte. Pero mi padre siempre ha dicho que no hay vender la piel del oso antes de cazarlo. Quedaban 4 días para el día D y no íbamos a dejar ni un detalle al azar. Motivados por las notas, intensificamos las defensas y las correcciones. Cada pausa, cada cambio de entonación y cada ceja levantada estaba cuidadosamente ensayada y entrenada. 

 

Además, para mí esta segunda parte de las defensas se había convertido en algo personal. Ahí estaba yo en YouTube, cometiendo la osadía de dar consejos a miles de opositores de cómo había que hacer esta parte de la oposición. No podía permitir que las personas con las que había trabajado codo con codo pincharan justo ahí donde yo pregonaba ser experto. Por otro lado, en 2010, con la preparación de “J”, todos mis compañeros y yo habíamos sacado una nota cercana al 10. Sin embargo, en 2016, Consu y Alejandro, aunque también primeros de sus tribunales, se habían quedado en “solo” un 8,5 a través de mi preparación. Ahora en 2018, había localizado los errores de esa primera vez que preparaba, y había empleado muchos meses en analizar la nueva ley (la LOMCE).  Finalmente, había diseñado nuevas maneras de diferenciación que permitía esa nueva ley y corregido los errores de la anterior convocatoria. Esta vez, el objetivo no era ser solo el número uno, el objetivo era quedarse cerca del 10.

 

Cuando llegó el momento, los tres se marcharon cada uno a la ciudad donde estaba su tribunal. El primero en exponer fue David. Cuando acabó, el tribunal le dijo que, aunque era solo la segunda persona en hacer la defensa, veían imposible que nadie se acercara al espectáculo que él acaba de dar. Le dieron la enhorabuena y le garantizaron que podía irse a casa a celebrar la plaza. Más tarde llego el turno de Marina, quien también acabó bastante contenta. Me llamó para decirme que no había cometido errores y que todo le había salido tal y como lo habíamos ensayado durante meses. Al día siguiente fue el momento de Myriam, quien llamó con el mismo discurso. No era de extrañar, cuando uno ha dedicado cientos y cientos de horas a ensayar una hora de defensa, la acaba manejando con total maestría.

 

Había que esperar al momento de las notas y finalmente llegaron. Notas medias de la programación y de la unidad didáctica: 9,6; 9,5 y 9,5. Plaza, plaza y plaza. Los tres, los números uno de su tribunal. Era lógico, pues si yo mismo, después de ya haber presenciado muchísimas defensas de alto nivel, pensaba que aquello bordaba la excelencia, los miembros del tribunal debían pensarlo también. En esta ocasión, 5 miembros de tribunales diferentes en 3 ciudades distintas (15 personas), habían llegado a la misma nota. Nos habíamos convertido en believers para siempre.

 

Durante los siguientes meses tuve una avalancha de agradecimientos de opositores que habían sacado una plaza siguiendo mi guía escrita y vídeos de YouTube. Eran personas de todas las especialidades (secundaria y FP) y de todas las Comunidades Autónomas que me confesaban lo perdidos que estaban hasta la publicación de la guía. Fue un orgullo saber que muchas de las claves de la oposición podrían ser aplicadas a cualquier especialidad. Muchos de estos opositores incluso me enviaron pequeños obsequios de su tierra como forma de agradecimiento. Me alegre enormemente de todas las publicaciones que había hecho, únicamente con el mero objetivo de ayudar a aquellos que habían estado tan perdidos como yo 10 años antes. Su cariño a través de las redes fue recompensa más que suficiente. Con el paso de los años me he encontrado cara a cara con muchas de esas personas que me recuerdan lo mucho que les ayudé en esos momentos de necesidad. Al final Miguel tenía razón, y era necesario que ese contenido, desconocido por la mayoría, estuviera de manera gratuita al alcance de todo el mundo. 

 

En terreno personal, este año había acabado mucho menos desgastado que en el 2016, por un lado, porque la implicación emocional no era tan grande. Por otro lado, porque la experiencia de la convocatoria anterior ya me había confirmado que estábamos siguiendo el camino correcto, lo que rebajó en gran manera la presión de las decisiones. Pero probablemente lo mejor que me llevé de esa oposición fueron tres grandes amistades que hoy perduran. Tres personas que no conocía un año y medio antes, pero con los que a partir de ahí he podido compartir y comparto muchas vivencias.

 

Marina y Myriam, al vivir en Málaga, pronto decidieron sumarse a ayudarme a compartir nuestras enseñanzas a través de la página econosublime. Mucho les tuvo que marcar ese 2018, porque todo lo que me dan es mucho más de lo que yo nunca he merecido. Por eso la canción de hoy es “eso que tú me das”, y este vídeo un homenaje para ellas. Gracias por ser y por estar.

 

 

Tras una nueva experiencia satisfactoria pensé que más personas se podrían beneficiar de un método de preparación que hasta el momento se había mostrado infalible. Por ello, empecé a barajar la posibilidad de ayudar a preparar a un mayor número de opositores. Eso supondría la prueba de fuego de 2021.




LA PREPARACIÓN PARA UNAS OPOSICIONES DE SECUNDARIA Y FP


Mi experiencia en la preparación de oposiciones (resumen)


- Prólogo - Believer

- La decepción de 2006 - Only human

- El fracaso de 2008. -19 días y 500 noches después

- El caballero blanco de 2010- Oh ángel sent from up above.

- La semilla de 2012 - Moving. 

- Los experimentos de 2014 - Es mentira

- La prueba beta de 2016. - Whatever it takes

- El último gran héroe de 2018. - Eso que tú me das

- La prueba de fuego de 2021 - A contracorriente

- La mentalidad sublime de 2023. (próximamente)

- El factor Elena de 2024 (próximamente)

- El truco final de 2025 (en curso)


CONSEJOS PARA AFRONTAR UNAS OPOSICIONES DE SECUNDARIA Y FP 

- Consejo 1: busca un buen preparador

- Consejo 2: gestiona tu tiempo

- Consejo 3: adáptate al sistema

- Consejo 4: ponte dificultades

- Consejo 5: no te creas todo lo que oyes

- Consejo 6: Sé diferente 

- Consejo 7: Afila el hacha 


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